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Como hemos dicho muchas veces, después de la boda, para nosotras ¡empieza lo bueno! Las cenitas románticas en casa, los desayunos en la cama, las flores de los fines de semana, hacer la compra juntos… y muchas cosas más. Pero ¿y para ellos? ¿qué pasa por su cabeza cuando llegáis una hora tarde porque estás pintándote las uñas y no puedes terminar de secarte el pelo? Hoy os traemos una reflexión de un recién casado (que todavía está en periodo de adaptación):



Carta de un recién casado

No quiero entrometerme mucho en estas reflexiones intimas entre el género femenino, pero tengo algunas preguntas que haceros, hay cosas que no entiendo. A lo mejor podéis echarme una mano.
Hace poco “Petite” estaba de viaje, últimamente estamos cada uno en una punta y nos vamos encontrando por ahí. El caso es que yo había hecho escala en nuestra casa, y aunque no me gusta estar sin ella, tuve un par de días donde pude ver la tele con mi pantalón de deporte, mi camiseta del colegio mayor, mis medias de futbol, y dejar aparcado el pijama de cuadritos “supermono” que me compró en su día mi mujer.
Copa de vino en una mano, mando del plus en la otra, plato de jamón y aceitunas al centro, cenicero y mechero a mano… disfrutando de la Champions League. Por supuesto, mando una foto al grupo de whatsapp de amigos para que vean que aún sigo siendo el de antes, que en mi casa mando yo. Cuando de repente suena el teléfono, silencio la llamada (quedaban 4 minutos para el descanso del partido) y al terminar los 2 minutos de descuento, se la devolví con un inocente “perdona cariño, lo tenía en la habitación y no lo oí”, el karma hizo de las suyas y me suelta, no sin tono vengativo, “¡No te preocupes mi vida, pero me tienes que hacer un favor!”.
Mi misión consistía en ir a su armario, y meterle “un par” de cosas en mi maleta. Parece realmente fácil, ¿no? Mi trabajo consistía en acercarme a su “mini” armario, seguir alguna instrucción como si buscara una parada en el metro de Londres, y meterlo bien dobladito en la maleta para demostrarle que soy un hombre moderno y actual.
Ahí me teníais, móvil encima de la cama con manos libres activado, oídos bien abiertos esperando instrucciones para hacerlo rapidito (que empezaba la segunda parte del partido)…
Primera directriz: “camiseta gris de tirantes un poco suelta”.
Fácil, zona de camisetas, voy buscando de arriba a abajo, paso por 38 camisetas blancas (menos mal que no me ha pedido una camiseta blanca) paso a las color carne, 13, llegan las azul marino casi negras, 22, rojas, verdes, amarillas… hasta que llego a la zona de grises, hago recuento para ver a que me enfrento, la cosa se pone jo****, 16 grises.
Escucho que me dice algo, pero yo sólo puedo pensar que cómo es posible que tenga 16 camisetas grises, y cuando decido sacarlas para compararlas, me doy cuenta de que 5 de ellas ¡aún tienen etiqueta!,
(esto se merece un buen paréntesis porque no tengo respuestas, aún no se si lo soñé, los recuerdos son borrosos. 5 camisetas grises con etiqueta….)
Aunque no salgo de mi asombro, eso me facilita mi tarea a la vez que puedo meter mi primera pulla, “cariño, estoy un poco confuso, ¿la camiseta es nueva? Es decir, ¿aún tiene la etiqueta? Porque ¡tienes 5 sin estrenar! ¡Toma ya! Encuentro la que quiere y me siento ganador. 1-0.
Segunda orden:

“vete al armario de mis zapatos (si si, un armario para sus zapatos), y en la zona de zapatos de verano, tengo las sandalias marrones que siempre me pongo y tanto te gustan”. La verdad es que esta tarea me pareció fácil, ¿Cuántas sandalias podía tener? Si las usaba tanto tendrían que estar gastadas ¿no?. Pues me costó, después de buscar un poco entre 63 pares de zapatos, decido volcar todos los cestos por el suelo. Ella escucha el ruido y me dice:
-¿Qué pasa?
Y yo respondo:
-nada nada cariño, que tienes tan pocos zapatos que deberíamos ¡comprar otro armario! ¡Toma ya! Segunda pulla. Consigo terminar mi segunda tarea con éxito. 2-0
Tercer asalto:
Yo ya me estaba calentando, empezaba a sudar como si jugara el partido que me estaba perdiendo, menos mal que llevaba mi equipación y no ese pijama chachi piruli! ¡Toma ya! Tercera pulla (aunque esta no la dije en alto).
Con esta tercera misión llegó la prueba de fuego: “ahora necesito un vestido para la cena que tenemos el viernes, escoge el que más te guste, y mete los zapatos nuevos que están justo detrás de la puerta de la habitación en una caja de “bimalola” (o algo así)”
Y, aunque parezca la tarea más complicada, fue la que menos me costó, porque me encanta verla cuando salimos a una fiesta y sale recién vestidita, pintadita, y me mira con esos ojitos de “que…. ¿Como lo ves?” y de verdad que es de las pocas veces en la vida, que uno no tiene que disimular, que no tiene que fingir…. “cariño, estas estupenda esta noche”. (por si no sabéis la canción, wonderful tonight, de Eric Clapton. Es “la canción”)
Así que escojo uno de los vestidos que me gusta, meto todo con mucho cariño en la maleta, se me pasa todo el enfado de las camisetas sin estrenar, y le digo: “ya está todo, pero si te acuerdas de algo más me lo dices sin problema cariño”.
Y, como pasa siempre en esto de las parejas, todo lo que sube baja…: “ ahhh, pues, méteme el secador, unas gomas de pelo, el champú de la peluquería y…. ¡¡¡¡UNA CAMISETA BLANCA!!!! ¡¡¡¡¡¡No!!!!! Vuelvo a sudar, cuelgo el teléfono, y decido terminar de ver el partido, ya lo haré luego: ¡toma ya! 3-0 y a 5 minutos para el final.
Lo que no sabía es que el marcador daría la vuelta, no me cabía todo en la maleta, tuve que facturar por el champú que se pasaba litro y medio de lo permitido (no pude ni discutir con la amiga del control de seguridad) y me equivoqué de camiseta blanca.
Pero, amigas (y amigos) lo bonito del partido de la vida, es subir y bajar, disfrutar de estos pequeños detalles. Por que al final del día, todo merece la pena. Para que me entendáis, es como ser del Atleti de Madrid.