NOVIAS PARA BLOG

Coger el tren por los pelos, oír el cierre de puertas, o mas bien sentirlo porque te han dado una buena “cachetada en el culo” morir de calor, colocar la maleta a duras penas en un hueco destinado a cualquier otra cosa, sentarte y ponerte a escribir no sin antes conectarte a una de las listas de spoty que escuchas en bucle un mes seguido hasta que te aburres de ella. Como cuando eres niña con las películas de Disney.

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Pablo Laguia. Boda Petite Mafalda.

Por error eliges una lista que hace tiempo no escuchabas pero te apetece dejarla, es lo que tiene la música. Y de repente suena la dichosa canción, que llevabas tiempo sin oír, justo ahora que estás hasta arriba de cosas en la cabeza, porque a ti, como a todas, te gusta pensar y mucho. Y si no tienes en que, lo buscas o te lo inventas. No te cuesta tanto… y lo sabes.

A lo que iba, que me lio… suena “esa mujer”, de siempre así. Joder, siempre me he imaginado el día de mi boda con esta canción de fondo, esa que por sorpresa tu maravilloso marido ha contratado para que te canten en directo, y todos los que están allí presentes sepan cuantísimo te quiere. Esa que nunca sonara porque está en tu cabeza, si se lo dices y lo hace ya no es sorpresa, y además, este tipo de horteradas solo tienen cabida en la parte de princesa que te llevaste cuando jubilaste todas las pelis de cuando eras pequeña.

Estoy loca… si. Como todos los que se casan o quieren hacerlo. Hay que estar tremendamente loco para casarse. Mucho.

NOVIAS PARA BLOG

Dias de Vino y rosas. Boda Petite Mafalda.

Hay que estar muy loco para querer compartir lo mejor de ti con alguien, mucho para adaptarte a los gustos decorativos de una mujer obsesionada con las redes sociales y en concreto, algo llamado Pinterest.

Hay que estar muy loco para mirar a alguien y dejar que te mire y vea todo lo que hay en ti. TODO, sin peros, sin miedos, sin contras, sin porqués. Todo y punto.

Muy loca, mucho, para saber que los domingos tu casa es la de todos, que se cena pizza y se ven los partidos de futbol, que la dieta no cuenta ese día, y que eso es y será así siempre, sin excepción.

Infinitamente loco para exponerte, para valorarte, para dedidir lo que si, lo que no, los innegociables, los negociables. Lo que querias y ya no quieres, lo que no quieres y antes necesitabas. Loco de remate para ser valiente, no porque casarse sea algo complicado o difícil, sino porque dar el paso, con el corazón en la mano, es un acto de generosidad tremendo contigo, con ella o con el, y con la vida. Es un regalo que quieres saborear, como saboreaba Charlie cada onza de chocolate.

BEA

El marco rojo. Boda Petite Mafalda.

Hay que estar muy loco para saber y querer que lo tuyo sea mío y lo mío sea nuestro, no, al revés, no, que todo es nuestro y punto. Y ya ni te cuento cuanto para compartir el cajón de los calcetines, renunciar tu espacio, o a parte de el y ver como tu cuenta de crédito tiene otro nombre asociado, y a veces, los números bajan, sin que tu hayas hecho nada.

Hay que estar ,(perdón por la expresión) jodidamente loco de amor para todo eso. Y esto es una suerte, no vayáis a creer lo contrario. Porque la vida, compartida, sabe mucho mejor. Sabe a magnum almendrado en verano, y a sopa de cocido en invierno, para que nos entendamos 😉 Sabe a aprender, a compartir, a disfrutar, a querer, a sumar, a reír, a viajar, a llorar. Sabe a organizar, a decidir, a valorar. Sabe a vivir. Y solo los que están tremendamente locos viven, viven con mucha fuerza; el resto, es para flojitos.