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Claro no, cristalino. Esta es posiblemente la respuesta que más veces he dado cuando me han preguntado por mi vestido de novia, y concretamente sobre si tenía claro o no cómo lo quería.

Siempre he sabido que quería algo romántico, ir de “novia, novia”, con bastante tela, muy elaborado y a la vez nada clásico. Mentiría si dijera que di 300 vueltas.

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Helena fue desde el principio, la opción. Me encanta el panorama español que tenemos de diseñadores de novia, pero para mí, ella tenía dos cosas muy importantes: muchos años de experiencia y una confianza conmigo importante. Estas dos cosas le permitirían, llegado el momento y si fuera necesario, centrar mis ideas y mis gustos.

No tenía esto pensado, pero unos días antes de viajar a Madrid para reunirme con Helena, estaba en casa de mis padres y a mi madre se le ocurrió abrir un cajón en el que guarda joyitas antiguas de la época en la que el ajuar era una realidad. Encontramos una antigua sábana de mi abuela de algodón bordada a mano. Había perdido algo de color por los años y no tenía muy claro si la pieza central iba a poder utilizarse y cuadrar como yo quería, pero nos la llevamos.

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Las otras dos telas con las que finalmente hicimos el vestido fueron tul de algodón y batista suiza bordada. El tul fue algo de ultima hora, cuando al probar y mezclar vimos que igual, estábamos recargando demasiado el vestido.

Cuando llegamos a Helena lo tuvimos claro. Mi amiga Allende, que entre miles de millones de cosas, pinta que es una maravilla, hizo el boceto inicial del vestido, y a partir de ahí, Helena y su equipazo (quiero mandar un beso muy muy especial a Julio, el patronista de Helena que consigue cualquier cosa inconseguible) empezaron a enseñarme telas y a cortar.

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Me hice exactamente 3 pruebas. La toile, con la que directamente, me habría casado, una prueba con el vestido montado sin mangas y la tercera ya completo. En esta última tuve la única duda con el vestido en todos esos meses: las mangas. Inicialmente las imaginaba pegadas, pero en la prueba no acababan de convencerme y como todos tenemos nuestras cosas, yo no quería ir con los brazos muy apretados porque entonces, se marcaban demasiado y como los tengo muy delgaditos prefería darles volumen. Otra de las cosas que quería, era tapar el vitíligo que tengo en los codos. En mi día a día es algo que no me molesta en absoluto, pero ese día prefería que no llamara la atención… y digo prefería, porque cuando cambiamos las mangas, realmente el codo estaba totalmente al aire ya que en esa parte lo que había eran unos volantes pero me gustaba tanto, tanto, tanto y me veía tan bien… que me dio igual.

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Tenia bastante escote delantero y un pequeño fruncido en el hombro que levantaba un poco la manga y hacía un efecto que me encantaba.

La tercera capa que era desmontable, estaba unida al vestido por mas de 80 botoncitos.

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La idea era que la transformación del vestido al quitar esa capa fuera el vestido perfecto para bailar, sin embargo, hubo dos cosas que me hicieron cambiar de opinión. Por un lado, aunque estaba comodísima con él, yo cuando bailo, bailo, y la tela de la sabana antigua, que es la que formaba además de una de las capas, el cuerpo, no tiene nada de elasticidad. Por otro lado, vi un vestido de helena colgado de una percha: maravilloso. Justo hablando de que no tenia nada azul para llevar, me di de frente con él. Sin ser para nada igual al primero, estaba formado también por varias capas, con el corte debajo del pecho y era muy, muy fiestero. Me lo probé, largo y decidimos hacer la versión cortita para mí. Sin duda un acierto total porque disfruté una barbaridad, no pase calor y pude darlo todo sin que me pisaran ni me pesara el vestido.

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Recuerdo la última prueba en la que no tenia ni idea de cómo hacer los cambios de vestido. Me llevé hasta mi perfume de Narciso for her para meterme más en el papel. Ya os lo he contado, los olores y yo tenemos una relación muy intima y todos los momentos de mi vida tienen uno. Me hice el semi recogido parecido al que llevaría en la boda, para también ver las cosas algo mas claras, pero aun así no tenía ni idea de qué hacer con ellos: cuándo quitarme la capa y cuándo cambiarme de vestido, porque las tres opciones me gustaban demasiado, y ese fue el momento en el que entendí, de manera clara, lo importante que es verte a gusto y bien con el vestido que eliges porque de verdad, se transmite.

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De los complementos hablaremos en otro post, dedicado a los preparativos de la boda, porque merecen un post también lleno de cariño y dedicación. Todos ellos fueron, para mí, la clave del éxito del conjunto en su totalidad.

Y a todas las que me escriben diciéndome que no saben lo que quieren, lo que les gusta… o que lo tienen muy claro pero les da miedo que a los demás no les guste… les digo siempre lo mismo: te aseguro que si te gusta a ti, la gente va a alucinar, porque de verdad, se nota muchísimo cuando una novia está cómoda dentro del vestido, se mueve con soltura, sonríe una barbaridad y entra a la iglesia con la tranquilidad y emoción de quien ha elegido su mejor look, el que más le favorece, para decir una y mil veces sí a su persona favorita, ever. Porque al final, la única foto que querrás enmarcar,  y bien grande… es esta.

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Fotos: Lorena San Jose

Vestidos: Helena Mareque

Pendientes: Suarez

Tocado: Suma cruz

maquillaje y peluquería: oui novias

Chaqué de Fran: Royal Measure

Lugar: Finca las margas